Resultados de colesterol: ¿debería preocuparme?


Stuart Bradford para The New York Times

Llega un paciente a la consulta y me dice muy contento: "mi colesterol está perfecto: 180". Llega otra, con cara un poco de preocupación, y me muestra sus resultados: 220. Siente que el infarto podría estar cerca.

Complementando mi post anterior Colesterol: ¿amigo o enemigo? , quiero profundizar un poco más acerca del tema, pues es común que no sepan mucho acerca de cómo interpretar los resultados de los exámenes de laboratorio y creo que es muy importante desarrollar a lo largo de nuestras vidas, un criterio al respecto y no ir a ojo cerrado. Aunque este post no sea para todos, la prueba de colesterol es bastante común. Por eso, quisiera invitarlos a que lean para poder saber cómo van. (Para aquellos que prefieran obviar la parte técnica, sugiero ir a los cuatro últimos párrafos de este post).

¿Qué dicen mis resultados?

Contrario a lo que muchos pensarían, no es tan simple como sólo ver el resultado del colesterol total (COL). Muchos se alegran - o se asustan - sin justificación. Para mí, el resultado del colesterol total (COL) no me dice mucho; es fundamental ver las fracciones, es decir LDL, HDL, VLDL y triglicéridos (TG). Y luego, la relación entre ellas, como por ejemplo TG/HDL, y COL/HDL.

¿Me creerían si les digo que el paciente de 180 podría estar en peores condiciones en cuanto a riesgo cardiovascular que el de 220? Se los pruebo. Les pido sólo un poquito de paciencia, unas cuantas definiciones, y matemáticas de primaria (¡prometo!).

Definiciones

Lipoproteina: molécula (formada por proteínas y grasas, de ahí el nombre) que transporta el colesterol y otras grasas en la sangre. Como un pasaje con un tren, las grasas se deben unir a las proteínas para que se puedan transportar en un medio líquido, de otro modo no es posible. Cuanto más grasa tiene la molécula, es de menor densidad; cuanto menos grasa tiene, es de mayor densidad. Ver Definición de HDL, LDL y VLDL (Colesterol).

COL: medición del total de colesterol en todas las partículas de lipoproteinas en sangre.

HDL: mide el colesterol en las lipoproteinas de alta densidad (son las que transportan menos grasa y más proteína). Es el comúnmente llamado "colesterol bueno", ya que retira el exceso de colesterol y lo transporta al hígado para que pueda ser eliminado.

LDL: mide el colesterol en las lipoproteinas de baja densidad (son las que transportan más grasa y menos proteína). Conocido como "colesterol malo" porque deposita el exceso de colesterol en las paredes de las arterias.

VLDL: mide el colesterol en las lipoproteinas de muy baja densidad (las que mayor cantidad de grasa transportan, y casi nada de proteína). Sirven para distribuir los triglicéridos producidos por el hígado.

TG: mide los triglicéridos. La mayor parte está en las lipoproteinas de muy baja densidad (VLDL). Si dividimos este valor entre 5, obtenemos VLDL (esto se cumple para valores de TG menores a 500).

Por lo tanto:

COL = HDL + LDL + VLDL

TG = 5 x VLDL

Estas fórmulas se cumplen en la mayor parte de los casos (siempre y cuando los triglicéridos no estén por encima de 500). Los invito a comprobarlo con sus propios resultados de colesterol.

Ahora vamos a comparar los casos hipotéticos de los Pacientes A y B.

Paciente A Paciente B

COL 180 COL 220

HDL 30 HDL 80

LDL 110 LDL 120

VLDL 40 VLDL 20

TG 200 TG 100

Aplicando las fórmulas anteriores, tenemos que se cumplen en ambos casos.

COL = HDL + LDL + VLDL y TG = 5 x VLDL

Paciente A: 180 = 30 + 110 + 40 y 200 = 5 x 40

Paciente B: 220 = 80 + 120 + 20 y 100 = 5 x 20

Comparemos ahora las fracciones. ¿Quién tiene un valor más deseable para el "colesterol bueno"? El Paciente B, con 80. ¿Quién tiene un valor más deseable de triglicéridos? El Paciente B, con 100. ¿Quién tiene un valor más deseable de LDL? El paciente A, por poco margen, con 110.

El ratio de TG/HDL es un buen indicador de riesgo cardiovascular. Sugiere qué tan probable es que las partículas de LDL sean del tipo más "aterogénico", es decir, pequeñas, y con facilidad para adherirse a las paredes de las arterias. Será más favorable cuanto más se acerque a 1, y menos favorable de 3 hacia arriba. No se especifica normalmente en un perfil de colesterol, pero es muy fácil calcularlo. En este caso, vemos que el valor del ratio para el paciente A es de 6.67, y el valor para el Paciente B es de 1.25. ¿Quién tendrá un valor más deseable? El Paciente B, prácticamente ideal.

En cuanto al otro ratio, COL/HDL, el riesgo cardiovascular será menor si el valor es menor a 4. En este caso, el Paciente A muestra un valor de 6.0, y el Paciente B un valor de 2.7. Claramente mejor, de nuevo, el Paciente B.

En base al análisis de las diferentes cifras, vemos que el Paciente B, con un colesterol total de 220, presenta un riesgo cardiovascular menor que el Paciente A, con un colesterol total de 180. ¡Es al revés de lo que hubiésemos pensado! Las fracciones son mejores en el Paciente B en todos los casos, a excepción de LDL, donde la diferencia es escasa. Y en el caso de los ratios, la diferencia es categórica: el Paciente B presenta un riesgo cardiovascular mucho menor.

Entonces no asustarse (ni alegrarse) por adelantado. El valor de colesterol total (COL), a no ser que sea muy alto (por encima de 330 mg/dl), no nos dice mucho por sí solo. Hay que analizar las cifras al detalle, sin abrumarse por la cantidad de números. La próxima vez que te hagas pruebas de colesterol, puedes utilizar los ratios COL/HDL y TG/HDL para entender mejor tus resultados. Es más, podrías calcularlo ahora mismo.

Existen pruebas de colesterol más sofisticadas, como VAP y NMR, que miden el tamaño de cada tipo de molécula, y el número de las moléculas, respectivamente. Son pruebas mucho más precisas para evaluar el riesgo, pero eso será motivo de otro post.

Es importante mencionar que el colesterol es solo parte de la historia, y NO es necesariamente el predictor más importante de riesgo cardiovascular. Ojo con estos factores que SÍ incrementan marcadamente el riesgo de un evento cardiovascular: resistencia a la insulina, glucosa elevada, diabetes, hipertensión, tabaquismo, herencia genética, sobrepeso y obesidad, estrés.....

Ten en cuenta de que la enfermedad cardiovascular es casi siempre PREVENIBLE. Es triste ver la cantidad de casos que existen, y constatar que las personas afectadas quizás nunca se hayan puesto a pensar acerca de las consecuencias de mantener ciertos hábitos nocivos y el efecto pernicioso sobre su salud.

¡No es necesario llegar a los fármacos o a la cirugía! Si analizamos los factores de riesgo mencionados, vemos que la mayoría de ellos están bajo nuestro control. Es cierto que contra la genética actualmente hay poco que podamos hacer, pero sí hay mucho espacio para cambiar nuestros hábitos y estilo de vida. La herencia familiar NO determina el resultado, NO define nuestro destino; ciertamente podemos (y debemos) hacerle la guerra, y de este modo inhibir una genética desfavorable. Esto se aplica sobre todo en el contexto de enfermedades crónicas.

Qué será mejor: ¿prevenir?, o ¿recién empezar a cuidarnos después del infarto o el derrame? Creo que la respuesta es obvia.

Para pensarlo...

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